SEVERO RIVERA

SANTO DOMINGO. Independientemente de la confrontación de criterio entre la productora de la obra teatral El Graduado que se estrenó el pasado fin de semana en el Palacio de Bellas Artes e Iván García, director y actor de la misma, no se justifica la forma en que este conocido dramaturgo y actor fue cancelado de sus respectivos roles en el montaje.

Iván García tiene más de cincuenta años en la escena. Toda una vida dedicada al fomento de la cultura, a la preparación de un nuevo relevo en las tablas. Hay formas para prescindir de los servicios profesionales de una persona y en su caso, creo que Claritza Paulino no actuó correctamente en enviarle una notificación por correo electrónico para informarle que sus responsabilidades habían cesado.

Decir ahora que Iván estaba sobreactuando no me parece justo. A usted le asiste el derecho de gustarle como actor o tener una valoración del montaje que tenga encima de sus hombros.

Conocí a Iván García un poco más de cerca cuando ingresé a Bellas Artes en la década de los años 80 y allí me formé una opinión más acabada de su talento, de su capacidad actoral, de su trabajo como dramaturgo y su don de gente. Es posible que mi opinión esté viciada por como lo veo, pero entiendo que a una figura como él hay que tenerle respeto. Intentar impedirle la entrada a Bellas Artes el pasado sábado fue una exageración que no se aguanta, menos mal que Franklin Domínguez, titular de Bellas Artes puso las cosas en orden y rechazó la petición de Paulino.

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Apuesto siempre al entendimiento, a la reconsideración de la gente cuando admite que comete un error, ojalá y que la relación entre la productora y el actor tenga otro final. Este no es el más adecuado.

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