SEVERO RIVERA
Santo Domingo. El negocio del cine había dado importantes pasos en los últimos tres o cuatro años. Independientemente de las producciones de poca calidad que afloraron, que no merecía el título de película, se realizaron trabajos que llamaron la atención de público y que convocaron a miles de personas a las diferentes salas del país.  

Por ejemplo, el pasado año se realizaron seis o más películas. Fue un movimiento nunca visto en el país que atrajo a gente que se dedicaba a otro tipo de negocio en el entretenimiento a realizar una que otra apuesta.

Este año y tal y como han vaticinado en declaraciones recientes al periódico Diario Libre, cineastas como Ángel Muñiz, José Enrique Pintor y Alfonso Rodríguez, este año las cámaras no se encenderán, porque los números no le dan a los productores, pues tienen una gran competencia con la piratería y las ganancias son escasas.

Independientemente de la competencia de la piratería, de los acuerdos entre los cineastas y dueños de salas de cine, hubo una cantidad de propuestas que no pasaron la prueba. 

De alguna manera eso repercute negativamente, pues al público hay que darle algo más que circo, más que las típicas comedias de televisión, el cine es más que eso.

Negocio cambiará de color

En los últimos tres años el público ha podido ver “Yuniol”, “Un macho de mujer”, “Sanky Panky”, “Excexos”, “Al Fin y al cabo”, “Cristiano de la secreta”, “Enigma”, “Sistema”, “Play Ball”, “Ladrones a domicilio”, “Santi Cló”, “Megadivas”, entre otras.

Este año no habrá ni una película dominicana en las salas. Los que tenían en agenda involucrarse en un nuevo trabajo decidieron dejarlo, los costos que hasta el pasado año estaban en unos RD$20 millones para rodar una cinta, se han elevado. 

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Ese es otro ingrediente que desfavorece las inversiones en el cine, pues mientras otros países cuentan con una legislación que los protege, aquí el proyecto de Ley de Cine que envió el Presidente al Congreso Nacional duerme el sueño eterno.

“Aquí se rodaban de cuatro a ocho películas al año. Lo lamentable es que nadie tiene planes, ni está rodando. Así no se puede porque no es posible seguir trabajando para que los piratas el gran negocio”, contó Ángel Muñiz.

Es precisamente Muñiz, director y productor de “Ladrones a domicilio”, uno de los que más ha enfrentado a quienes se roban la creatividad, es de la gente visionaria, pues recientemente salió a las calles a vender su película en original en el terreno de los piratas. “Yo la verdad que en lo adelante haré mis películas para dvd y si tengo que ganarme dos pesos, lo haré”, comentó el destacado director.

La ausencia de las películas dominicanas de las salas deberá provocar un replanteamiento de las negociaciones entre los dueños de los cines, en lo referente a las reglas del juego que hasta ahora prevalecen. Son ellos los que más reciben el golpe de la ausencia ya que sus recintos no aguantan los costos operando al mínimo.

Este escenario encuentra a la naciente Asociación Dominicana de Cine fragmentada, pues algunos de sus gestores se han apartado. No han podido dirimir sus diferencias en su seno y prefieren hacer mutis hacia la izquierda. No se dan cuenta de que la fortaleza de una institución marcaría la diferencia.

Lo que genera en un año

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Si una película de facturación local tiene buena acogida, independientemente de si es buena o mala y si el promedio de asistencia ronda entre los 250 mil a 300 mil personas, el dueño de un circuito de cine fácilmente se lleva a su bolsillo la friolera de RD$90 millones, otros, que cuentan con mayores salas obtienen beneficios por RD$260 millones. Una suma respetable, muy respetable, lo cual evidencia el interés de algunos empresarios en buscar una tajada del pastel.

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