Publicado por Alfonso Quiñones en Diario Libre

SANTO DOMINGO. Y la historia continuó… (reloj digital en retroceso, jumo, músicos en escena. Rafely ya había hecho su show, presentado por Francisco Vásquez, bien producido, y se había manchado la camisa (roja, no negra), empapada de sudor, con una mini producción de unos seis temas.

Público había hasta detrás de la tarima. Imágenes de Gilberto y Víctor Manuelle en grandes momentos. Palacio de los Deportes de pie. Ovación. Oppening: ambos amigos cantan e improvisan con el tema “Ven para que me oigas cantar”. Entonces todo comienza de verdad y Gilberto abre declarando que “ella tiene la magia de un instante de amor”. Un tema que enciende los celulares y muchos ponen a escuchar al más allá.

Víctor Manuelle riposta con un coro palaciego que cuenta que “así es la mujer que amo”. Ni corto, ni perezoso, Gilberto canta de Polo Montañez “Un montón de estrellas” (este disco fue entregado a Gilberto por quien suscribe, junto a otro de Celina González, al regresar este a Puerto Rico de un viaje relámpago a Ecuador dijo que había escuchado ambos CD’s en el avión y que tomaría uno para abrir el nuevo disco y otro “El refrán se te olvidó” de radeunda Lima e interpretado por Celina, para cerrar. Ese fue el álbum “Visceversa” del 2002).

Víctor Manuelle puso el cuarto tema de la noche: “Se me rompe el alma”.

Luego saludaron: “Estamos de vuelta a casa”, dijo Gilberto, y enseguida mostró un video con “los mejores momentos de Dos soneros una historia”, en el que, a manera de broma presenta todos momentos suyos. A partir de ahí el hilo de la producción está centrado en un supuesto enfrentamiento entre el “viejito” y el “joven”. Un recurso antiquísimo que gracias al guión y el talento de ambos salseros tuvo sabor a nuevo.

“Tú volverás lo sé”, cantó Víctor Manuelle. Gilberto pegó recto de derecha con “Vino tinto”.

Entonces llegó un segmento de recuerdos con fragmentos de canciones de los inicios, siempre llevando el hilo de la supuesta rivalidad.

Gilberto retomó el hilo con “Sufro” y continuó con “Vivir sin ella”. Luego dijo que este año celebra los 33 años de cantante. Víctor Manuelle sedujo al público con “Compréndeme” y dio paso a un Gilberto bolerista: coro general en “Mentiras” y en “Soledad”. Ovación, larga ovación…

Amor de madre

Víctor Manuelle entonó “He tratado de olvidarme de tu amor/ y no puedo…”; luego dedicó a Doña Grecia, la mamá de Antonio Espaillat, una hermosa canción a las madres poco conocida “Amor de madre”.

Hay que destacar que sonorizar un sitio tan difícil como el Palacio de los Deportes es tarea de titanes. Lo logró Audioservicio con 96 cajas de una conocida marca francesa.

Gilberto regaló “Perdóname” y entonces fue un segmento de homenaje a la Fania “Quítate tú pa’ ponerme yo”, con unos 15 minutos de controversia improvisada (aquí Víctor Manuelle llevó la peor parte en cuanto a desafinaciones). Después otro homenaje: cantaron a dúo “la Bilirrubina”, en una bonita versión, acompañados de algunos músicos de aquí, entre ellos Pengbian Sang.

“Dile a ella” (por Víctor Manuelle) dio paso al más filósofo Gilberto, con ese principio aristotélico que dicta: “yo la agarro bajando”.

Víctor Manuelle cantó “Siempre me preguntaré”, mientras empapaba con su sudor t-shirts que les daban las muchachas.

Gilberto cantó el “Conteo regresivo”; Víctor Manuelle declaró que “Hay que poner el alma”. Gilberto pidió “Que alguien me diga”. Falsa despedida, ya predicha con humor anteriormente por ellos mismos. Regresaron a escena y cantaron el tema del oppening “Ven para que me oigas cantar”, todo debidamente calculado.

Ñapa finalísima y confetis para “la vida es un carnaval”. Y luego el desmadre a la hora de salir en autos del Centro Olímpico “Juan Pablo Duarte”.

Salsa, humor, buena onda en la media noche, como el concierto que nunca se pudo traer de Serrat y Sabina juntos.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí